lunes, 18 de agosto de 2014



2:30 de la madrugada,  más de 38 horas despierta y no puedo conciliar el sueño Me levanto y camino descalza hasta la cocina guiándome por la luz tenue de la luna que entra por los ventanales de cristal.  Me muevo sigilosamente bajando las frías escaleras, para no despertar a las personas que se habían quedado en la casa.  Ya en la cocina, abro las puertas del refrigerador  y me quedo parada frente a él  esperando ver qué tiene que ofrecerme y dejando que el frío  perturbe mi piel. Pienso un momento que puedo tomar que me cause sueño y decido prepararme un coctel de  medicinas para el resfriado. Luego de tomarlo me dirijo al sofá que queda en el salón familiar, enciendo el  televisor buscando algo que ver y nada me parece interesante.   Apago el mismo y camino con cautela entre la oscuridad  hacia la sala principal

Me acerco a la ventana y asomo mi rostro por el ventanal que da a la calle, las casas duermen y en la calle danza el silencio de la noche entre las luces de los faroles que intentan engañar a los fantasmas. No cuánto tiempo estuve parada solo mirando a lo lejos y esperando  no se qué cosa... De pronto un olor a flores invade el lugar y un susurro muy leve se escucho en  uno de mis oídos Duerme, todo cambiara para ti… Cada poro de piel fue erizado  y de forma instintiva voltee a ver quien estaba a mis espaldas.  

Nadie…

Camine hasta el sofá que queda en el recibidor y deje caer mi cuerpo sobre el mismo mientras cerraba mis ojos, no quería dejar de inhalar el olor a flores que emanaba no sé de qué lugar...  y así entre los siguiente minutos transcurridos Morfeo decidió llevarme con él. Definitivamente que los fármacos hicieron todo este efecto en mi cabeza.  

Pero sentí tanta paz... 


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