2:30 de la madrugada, más de 38 horas despierta y no puedo conciliar el sueño. Me levanto y camino descalza hasta la cocina
guiándome por la luz tenue de la luna que entra por los ventanales de cristal. Me muevo sigilosamente
bajando las frías escaleras, para no despertar a las personas que se habían
quedado en la casa. Ya en la cocina, abro las puertas del refrigerador y me quedo
parada frente a él esperando ver qué tiene que ofrecerme y dejando que el frío
perturbe mi piel. Pienso un momento que puedo tomar que me cause sueño y decido
prepararme un coctel de medicinas para el resfriado. Luego de tomarlo me
dirijo al sofá que queda en el salón familiar, enciendo el televisor buscando algo que
ver y nada me parece interesante. Apago el mismo y camino con
cautela
entre la oscuridad hacia la sala principal.
Me acerco a la ventana y asomo mi rostro por el ventanal
que da a la calle, las casas duermen y en la calle danza el silencio de la noche entre las luces de los
faroles que intentan engañar a los fantasmas. No sé cuánto tiempo estuve parada solo mirando a lo lejos
y esperando no se qué cosa... De pronto un olor a flores invade el lugar y un susurro muy leve se escucho en uno de mis oídos… Duerme, todo cambiara para
ti…
Cada poro de piel fue
erizado y de forma instintiva voltee a ver quien estaba a mis espaldas.
Nadie…
Camine hasta el sofá que queda en el recibidor
y deje
caer mi cuerpo sobre el mismo mientras cerraba mis ojos, no quería dejar de
inhalar el olor a flores que emanaba no sé de qué lugar... y así entre los siguiente minutos transcurridos Morfeo decidió llevarme con
él. Definitivamente que los fármacos hicieron todo este efecto en mi cabeza.
Pero sentí tanta paz...

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